Señales de que tu jefe o gerente es narcisista

 






Vivimos en una sociedad que en las últimas dos décadas ha sido programada sistemáticamente hacia el narcisismo social, ya sea por la influencia de películas, series, pero principalmente por las redes sociales. Los medios de comunicación masiva programan a esta sociedad con el paradigma del éxito inmediato y del aparentar, para sentirse validados por la misma. Los niños, adolescentes y nuevos profesionistas son los primeros en ser víctimas de este programa social narcisista que consiste en aparentar ser sofisticado, tener éxito, sentirse apreciado por personas ajenas al círculo íntimo, con la finalidad de volverse famosos y acreditados convirtiéndolos en pequeños tiranos egoístas e insensibles a su entorno social inmediato. Codiciando la notoriedad en la sociedad, con el miedo de sentirse excluidos por no ser guapos, ricos, famosos, exitosos, adinerados o emprendedores, mismos falsos atributos que demanda la sociedad actual. Sometiéndose a un estrés innecesario a temprana edad, porque: «Antes muertos que sencillos», dice el dicho.




Por ello, los valores reales de la sociedad y de la sana convivencia como la sencillez, modestia, empatía, comprensión, compasión, son rechazados tajantemente ya que con ellos no se puede ser popular por lo que habría que sentirse avergonzado o como ahora lo denominan, ser «perdedores». La envidia, la competitividad, la rivalidad, los celos, el rechazo a los perdedores o más débiles o vulnerables contra el anhelo de perseguir solo a los inteligentes, brillantes, capaces, guapos, relevantes y apreciados al costo que sea.


Dado a esto, la sociedad cada vez es más narcisista a todos los niveles, rompiendo y anulando el sentido de comunidad, grupo social, bienestar común, solidaridad. El narcisismo nos sitúa en una guerra invisible de todos contra todos. Estas rivalidades se esparcen como un cáncer en altos niveles, y en las organizaciones que exigen la competitividad entre empresas y que se termina proyectando en el ámbito de las relaciones interpersonales. Esta presión social llega a permear a los altos niveles gerenciales o directivos, en los cuales la competencia por subsistir, permanecer y llegar a ser gerente o director con la premisa de que cualquier persona  es solo un recurso y reemplazable, nos lleve a épocas remotas en las que el humano es realmente sólo un recurso renovable del cual se puede explotar hasta agotar su esencia, dar el todo por el todo y hasta las últimas consecuencias para preservar el éxito social y aceptación. Un “humano recurso” puede ser asignado, distribuido, trasladado, removido, deslocalizado y por supuesto, también eliminado de la circulación, por líderes narcisistas o psicópatas que abusan de este poder todo por el éxito personal, organizativo y empresarial. Como en muchos casos, «Leones por corderos».


Si sientes que perteneces a una de las muchas organizaciones y empresas tóxicas en las que los directivos narcisistas te consideran tan solo un “humano recurso”, es momento de poner pausa e identificar si trabajas para este perfil psicológico nocivo narcisista. El trato humano de respeto a la valía personal y cualificada, como parte vital de un organismo en crecimiento y evolución, es ético y esencial para la plenitud profesional y está vinculado a buenos resultados realistas e ideales a un bien común. Todos ganamos si trabajamos en conjunto. 

A continuación te comparto un listado propuesto por el Dr. Iñaki Piñuel en su libro: «Mi jefe es un psicópata». Para detectar este tipo de personalidad nociva.

20 PISTAS PARA RECONOCER A UN DIRECTIVO DE TIPO NARCISISTA

  1. Reclama a los subordinados atención y admiración de manera continua.

  1. El éxito obtenido es gracias a él y su genialidad. Quita el mérito al equipo o anula su esfuerzo. 

  1. Siente que pertenece a una élite social o intelectual de personas «especiales» por causa de su genialidad, brillantez o pertenencia a algún tipo de «casta» social. Las reglas solo aplican para los demás, no rigen para él.

  1. El ideal de subordinados son: serviles, dóciles y obedientes. Le resulta amenazante la libertad de criterio y de pensamiento. Nadie puede pensar mejor que él.

  1. Elige para su equipo a quienes no le puedan hacer sombra, es decir a los menos capaces. Propaga en su departamento la mediocridad intelectual y profesional como formas de sentirse a salvo.

  1. Utiliza el maltrato y abuso verbal con gritos, insultos, reprensiones y humillaciones de todo tipo a sus subordinados. Esto le proporciona sensación de seguridad para mantener a raya a todos.

  1. Infla compensatoriamente su autoestima mediante continuas referencias a su valía, brillantez profesional, contactos relevantes con «personalidades» o poderosos.

  1. Incapacitado emocionalmente para reconocer que ignora o no sabe de algo, y por lo tanto para el aprendizaje, se manifiesta arrogante, prepotente y «sabelotodo». Queda pronto desfasado y profesionalmente obsoleto. Ello refuerza su sentimiento profundo de inadecuación y su actitud a la defensiva.

  1. Su falta de actualización profesional le lleva al dogmatismo y a la rigidez intelectual: quien discrepa supone una amenaza personal para él, por no poder ni saber rebatir sus argumentos o convencer de los suyos.

  1. Persigue y elimina a los posibles competidores, especialmente a los más brillantes. Cultiva y fomenta el enanismo intelectual y a los «bonsáis psíquicos» en el equipo.

  1. Tiene aversión a correr riesgos por el miedo al fracaso y por su incapacidad emocional de hacerle frente. Llega a bloquear a su unidad por su falta de decisión y actitud laisser aller.

  1. Explota laboralmente a sus subordinados exigiendo de ellos sacrificios, adhesión e incluso «buena cara» ante sus abusos de autoridad y excesos.

  1. Desarrolla el discurso de la imprescindibilidad. «Qué sería de ustedes sin mí». Se presenta como un «salvador» o una persona crucial para la organización.

  1. A pesar de sus declaraciones externas, es en lo profundo un enemigo declarado de la capacitación, la formación, la actualización profesional, la innovación y el aprendizaje, que son siempre elementos amenazantes para sus sentimientos de escaso nivel o inadecuación personal y profesional.

  1. Se muestra hipersensible a la crítica o la discrepancia y reacciona desproporcionadamente a ellas. Vive las diferencias de opinión de forma amenazadora como un ataque a su persona o como una falta de respeto al jefe.

  1.  Utiliza un tipo de lenguaje hiperabstracto o hiperconcreto. Huye de la conceptualización de problemas reales por no saber cómo enfocarlos o enfrentarlos.

  1. Se comporta de forma despectiva con sus subordinados y de forma aduladora con los superiores, a los que secretamente envidia y desprecia.

  1. Está obsesionado por la envidia que cree que todos le tienen. Su pensamiento solo se refiere a sí mismo. Todo lo que ocurre tiene que ver con él.

  1. Su despacho, su zona de trabajo, su automóvil y su atuendo o vestimenta son escaparates con los que pretenden demostrar el valor de su propietario. Adorna sus zonas de trabajo con objetos lujosos, de marcas caras, con fotos con personajes famosos, premios, diplomas, títulos, trofeos, etc., que supuestamente acreditan y prueban a los demás la cualidad especial de su propietario.


Las personas que presentan un trastorno narcisista de la personalidad pueden también reconocerse mediante una serie de creencias típicas y rígidas que suelen manifestar:

  • Todos me envidian por mis capacidades.

  • Las envidias que las personas tienen contra mi, no me han permitido lograr el cien por ciento de mis capacidades y llegar más lejos.  

  • La gente no tiene el nivel (intelectual, económico, éxito, belleza, fortuna) que yo tengo. son una chusma sin categoría.

  • No entiendo cómo la gente no sabe reconocer lo genial y especial que soy yo.

  • Todos me lo deben todo.

  • La gente me odia, desprecia y desvaloriza motivada por la envidia y los celos a mi persona.

  • Todo lo bueno que ocurre en la empresa tiene algo que ver conmigo y mis geniales aportaciones o ideas.

  • Porque soy especial, a mí no me obligan, por mi nivel, estatus o categoría, las reglas que valen para los demás.

  • La gente crece gracias a mí y a mi especial talento, si no fuera por mi ayuda y consejos, no llegarían tan lejos.

  • Soy superior, por lo que tengo derecho a un trato y a unos privilegios especiales que a los demás no les corresponden.

  • Los demás no merecen ningún tipo de admiración o reconocimiento.

  • Sé que puedo ser difícil de tratar, pero es porque solo puedo ser comprendido por personas tan inteligentes como yo o de mi mismo nivel.

  • Tengo motivos de sobra para esperar solo grandes cosas.

  • Mis necesidades están por encima de las de cualquier otro y son prioridad.

  • La gente no tiene derecho a criticarme.

  • La gente no tiene el nivel suficiente para criticarme.

  • Es intolerable que no se me tenga el debido respeto o que no consiga aquello a lo que tengo derecho.

  • Si los demás no respetan mi estatus, merecen un castigo, nadie por encima de mi.

  • La relación con los demás es un mero medio de obtener reconocimiento, elogios y admiración.



Como recomendación, sugerimos que antes de contratar a un elemento tan nocivo para tu empresa, utilices el recurso que te ofrecemos de: Habilidades Gerenciales y de Liderazgo, con el cual podrás identificar los tipos de liderazgo ideales para tu empresa. Y si trabajas para un jefe con las características antes mencionadas, busques ayuda profesional psicológica para reconocer los daños emocionales ocasionados a tu persona. O si eres Director o gerente y te identificas con la mayor parte de la descripción de este artículo, sugerimos de igual manera buscar ayuda profesional misma que será de gran ayuda para mantener un nivel óptimo de rendimiento y respeto en tu área de responsabilidad.   






Artículo basado en el libro:
Mi jefe es un psicópata Cómo el poder transforma a las personas en psi. (2021). [Libro electrónico]. En Mi jefe es un psicópata (pp. 136–160).



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